lunes, 31 de octubre de 2016

La Chispa



Regresará a casa como siempre, borracho y rezumando alcohol por cada una de sus neuronas. Con un tambaleo donde el equilibrio parece casi imposible, repetirá su rutina... Una vez más, su etílico protocolo, una vez más... Ojos vidriosos acompañando a una respiración lastrada por una saliva que convierte su boca en un lodazal. Dará un portazo y temblarán los cimientos; después, inmediatamente exigirá la cena a gritos. Una vez más, esa rutina que tan bien conozco... Una vez más...
Hace tiempo que no codicia mis abrazos y le basta mi temor, el miedo de la mujer que una vez le amó. Volverá a ver lágrimas en mis mejillas mientras rebusca la excusa habitual para pegarme el primer bofetón.
Hoy debería ser otro día más donde mi soledad es mi único refugio. Hoy sería otra cita para coleccionar en mi cajón de amarguras, el peor infortunio presto a bailar conmigo. Hoy sería una vuelta a casa para repetir la escena donde el cariño escribe su ausencia con la tinta del sufrimiento; pero no, hoy será distinto... Muy distinto.
Tras el retumbe de la puerta cerrada, el eco vociferante del recién llegado no encontrará mi respuesta. Sus demandas y vómitos se diluirán en el silencio. La casa que fue hogar y pasó a ser celda estará todavía más en penumbra. A tumbos entrará en la cocina, aullará reclamando mi presencia y confundido por la oscuridad que le recibe seguramente tropezará con alguna silla, tal vez con la mesa. Las persianas y cortinas serán cómplices de mis sombras. Él necesitará ver, al menos para que su neblina de borracho busque la víctima de siempre. Entre rugidos babeantes alguna de sus manos encontrará el interruptor de la luz y finalmente la electricidad hará su trabajo, las bombillas esperan su cometido, así como el gas. Ese gas que lleva horas brotando del horno que he dejado abierto e inunda toda la estancia.
Sólo es cuestión de que la chispa también haga su trabajo. Espero en el bar de la esquina como mi mazmorra se derrumba. Sin miedo.




domingo, 30 de octubre de 2016

A Tientas

#historiasdemiedo


Siempre mostré calma ante los problemas de la vida; incluso he presumido de frío y calculador en más de una ocasión, razonar para no desgastarme en histerismos inútiles ha sido siempre una buena premisa para mí. Cauto como mandamiento, ahora no parecía el momento de serlo.
Desubicado, añoro un hilo de luz que me ofrezca un indicio coherente ante mi creciente desasosiego... ¿Dónde me encuentro?, me pregunto mientras procuro ordenar mis negaciones inmerso en esta nada oscura.
No, no debo bloquearme, no es lo deseable, no es lo adecuado… No debo dejarme llevar por el miedo pero... ¿Qué está ocurriendo?
Sumergido en la oscuridad el sudor pasa a ser el protagonista. Los pensamientos no fluyen tan bien cuando notas tu transpiración. Tengo sed y mis labios desean la saliva que trago. Noto como las gotas de sudor inician un lánguido camino por mi frente, es una sensación desagradable, cuesta tanto moverse aquí. Tanteo por enésima vez el estrecho perímetro que me rodea mientras aflojo convulso la corbata de un traje que no recuerdo haber comprado.
Esto se está alargando demasiado y maldigo a la oscuridad mientras cierro el puño y golpeo los límites que acotan a mi cuerpo.
 No hay respuesta y el silencio araña mi ánimo. Nadie responde a mis golpes. Solo y encerrado grito y arreo un par de zapatazos contra la madera y las telas que me rodean. Ni el eco me responde. Mis manos palpan y recorren cualquier centímetro al que son capaces de llegar; con vocación de ojos  mis dedos exploran a tientas cualquier resquicio que pudiera haber entre los tablones que me encierran… Broma o venganza, broma o venganza, murmullo entre dientes. Comienzo a divagar.
Vuelvo a gritar, una y otra vez. Los golpes y patadas se turnan en protagonismo. La oscuridad nunca me desagradó, ni mi soledad, ni los espacios cerrados fueron un problema para mí, pero ahora, todo eso es tan caduco que suena a mofa recordarlo no sirve de consuelo. Mi sudor y mis lágrimas ya tienen sabor a miedo… ¿Era esto lo que querías que reconociese? Admitiré lo que quieras… Lo prometo. Sólo te pido que abras este ataúd… Por favor…